Las lluvias registradas el fin de semana en Nuevo León dejaron a su paso un saldo de dolor y muerte en la zona metropolitana. Más allá del beneficio que el agua representa para la región, el desenlace de estas tormentas expone el peligro real de las corrientes en las vialidades y canales de la ciudad.
El viernes, en el municipio de Guadalupe, una mujer perdió la vida luego de que su automóvil fuera arrastrado por la corriente; su cuerpo fue localizado posteriormente en el Río Santa Catarina. El sábado, un adolescente fue arrastrado por el agua en el canal del Topo Chico y, tras labores de búsqueda, fue hallado sin vida en el Río Pesquería.
Tanto los canales de drenaje como las avenidas inundadas se convierten en zonas de alto riesgo en cuestión de minutos. La falta de visibilidad, la velocidad del caudal o minimizar la fuerza del agua son factores suficientes para que ocurra un accidente fatal, ya sea a pie o al volante.
Por otra parte, en la región del Altiplano el reporte se concentró en afectaciones por inundaciones en varios municipios. En la comunidad de San Bartolo, en Villa de Guadalupe, la corriente arrastró cinco vehículos que se encontraban estacionados, sin que se registraran daños a personas. Sin embargo, el saldo material incluye daños en viviendas y pérdidas en cosechas a lo largo del Altiplano.
Para los habitantes de las comunidades afectadas, después de la tormenta no llega la calma, viene la necesidad de reconstruir el patrimonio perdido. Las autoridades trabajan en la reparación oportuna de los caminos dañados y en vigilar que las inundaciones y la humedad no deriven en problemas de salud.
El saldo de este fin de semana es triste, deja lecciones y miedo ante nuevos periodos de lluvia. Los bienes se pueden reponer, pero la sensación de volver a perderlos genera vacío. Es desalentador pensar en reponer el patrimonio sin la certeza de que no volverá a ocurrir.
