El escenario político de San Luis Potosí entró en una fase de amnesia colectiva. Los mismos partidos y actores que ayer se abrazaban en campaña y compartían la mesa para asegurar votos, hoy se desconocen públicamente y actúan como si nunca hubieran cruzado palabra. La alianza oficialista en el estado se desmorona por una conveniencia que borra el pasado inmediato con facilidad.
Está etapa de crisis en las coaliciones quedó expuesta tras el anuncio del Partido Verde de competir en solitario para el 2027. La respuesta de Morena rozó el absurdo al asegurar que no existe ninguna relación con el partido que hoy gobierna el estado, ignorando los acuerdos, las conferencias conjuntas y la agenda que promovieron juntos ante los potosinos. De la noche a la mañana, el matrimonio político más rentable de la región se transformó en un frío saludo de desconocidos.
Morena ya tiene sus propios prospectos para la candidatura a la gubernatura. Con este choque de egos y ambiciones, el panorama perfila dos rutas. La primera, que el orgullo herido los empuje a buscar nuevas alianzas con otras fuerzas. La segunda, un viaje en el tiempo hacia los años noventa, recreando aquellos escenarios electorales donde cada sigla navegaba en solitario, sin el cobijo de coaliciones y sin preocuparse por la pérdida de registros.
El fenómeno de la amnesia no es exclusivo del Verde y Morena; en la acera de enfrente, el PRI y el PAN también han divulgado su divorcio, dejando un ecosistema político totalmente sacudido. En este reacomodo de fuerzas, hay estructuras que muestran su fragilidad. A estas alturas, las tendencias apuntan a que el Partido del Trabajo (PT) camina directo a la pérdida de su acreditación ante el CEEPAC, una amenaza que, bajo las nuevas condiciones que han impuesto los partidos, el propio priismo potosino podría empezar a compartir y ver materializada en el mediano plazo.

