Por: Luis Loera
El escenario político en San Luis Potosí muestra dos realidades. Por un lado, el Partido Verde Ecologista de México mantiene una estrategia constante de sumar nuevos integrantes a sus filas para fortalecer su presencia en todo el estado. Por el otro, los partidos de oposición se encuentran en una etapa de organización interna, tratando de definir quién podría ser la figura que encabece un bloque unido para competir en las próximas elecciones.
En medio de este proceso, surge la percepción de que la oposición se ha distraído demasiado en la búsqueda de ese liderazgo ideal. Mientras los grupos opositores analizan perfiles y posibles alianzas, el partido del tucán ha aprovechado el tiempo para ganar terreno y «comerles el mandado» en las comunidades y municipios. Esta falta de una cabeza visible en el bloque opositor ha permitido que la fuerza política en el gobierno estatal siga consolidándose sin una resistencia clara.
Figuras como Rita Ozalia Rodríguez, dirigente de Morena, y Sara Rocha, dirigente del PRI, han intentado establecer puentes para crear propuestas de unión. Ambas líderes han sostenido reuniones a puerta cerrada con el gobernador Ricardo Gallardo Cardona, encuentros que oficialmente se manejan como diálogo institucional. Sin embargo, estas citas parecen ser más una cuestión de protocolo y cortesía política que el inicio de una verdadera estrategia de alianzas.
El desafío para estos partidos es pasar de las pláticas de café a una estructura sólida de trabajo. Con la mira puesta en el año 2027, el tiempo se vuelve un factor determinante, si la oposición no logra definir pronto un camino común y un líder que genere confianza o una estabilidad sólida interna corre el riesgo de llegar a la contienda electoral con una estructura debilitada frente a un rival que no ha dejado de crecer.
