Por: Luis Loera
La reciente movilización por el Día Internacional de la Mujer en la capital potosina dejó una mezcla de sentimientos y posturas encontradas. Mientras miles de mujeres salieron a marchar para exigir mayor seguridad y justicia, los daños materiales en algunos edificios públicos y templos religiosos del Centro Histórico han generado una discusión sobre cuál es la mejor forma de lograr cambios reales en la sociedad.
El punto central de esta reflexión es que la lucha principal es contra un sistema que no siempre protege a las ciudadanas, y no contra los edificios de la ciudad. Muchas personas coinciden en que las paredes y monumentos se pueden restaurar con el tiempo, pero las vidas que se pierden o las injusticias que no se resuelven dejan una marca permanente. Por ello, el esfuerzo de muchas colectivas se enfoca en señalar las fallas de las autoridades más que en intervenir el patrimonio físico.
Dentro del movimiento potosino existen visiones muy distintas sobre cómo manifestarse. Por una parte, hay quienes consideran que los daños a la infraestructura son una forma necesaria de llamar la atención de un gobierno que a veces parece indiferente. Por otra parte, hay grupos y ciudadanas que prefieren evitar estos actos, argumentando que cuando se daña un edificio histórico, la noticia se convierte en el costo de la reparación y no en el motivo de la marcha. Esto provoca que muchos gritos de justicia se pierdan o se ignoren, generando un ciclo de discusiones que nunca termina y que desgasta la empatía de la comunidad.
Es importante destacar que la labor de las mujeres organizadas en San Luis Potosí no ocurre solamente una vez al año. Existen colectivos que trabajan todos los días acompañando a víctimas, presionando a los representantes en el Congreso y exigiendo respuestas directas a los funcionarios encargados de la seguridad. Para estos grupos, la verdadera presión se ejerce mediante el seguimiento constante de las leyes y el apoyo legal, buscando que el cambio sea estructural y no solo visual.
Al final, el reto para la sociedad potosina es lograr que la atención no se desvíe hacia la cantera o los cristales rotos. El objetivo común es que las demandas de las mujeres sean escuchadas con claridad y que el esfuerzo diario de quienes buscan justicia no sea opacado por la controversia sobre los edificios, logrando así que el mensaje de respeto y seguridad llegue con fuerza a quienes tienen el poder de hacer cumplir las leyes.
