Tres fugas de gas por cilindros rotos en la base, registradas en menos de cinco horas durante el fin de semana, confirman que el peligro no cede en las viviendas de Matehuala. El problema es el reflejo de la negligencia con la que las empresas gaseras operan, distribuyendo tanques obsoletos, carcomidos y al límite de su vida útil sin que autoridad alguna les ponga un freno.
A pesar de que los antecedentes de explosiones por acumulación de gas ya han dejado tragedias y pérdidas materiales, las gaseras continúan llenando y repartiendo cilindros que son verdaderas trampas mortales. Mientras los repartidores entregan chatarra con tanque lleno, Protección Civil deja en el olvido su facultad de inspeccionar, sancionar y exigir a las empresas el retiro inmediato de tanques dañados.
La falta de operativos rigurosos para frenar la circulación de estos contenedores defectuosos mantiene a la población bajo un riesgo constante; la autoridad ha quedado a deber en prevención frente al descaro de un gremio gasero que antepone el negocio a la vida de sus clientes.

