El desabasto de agua potable en Charcas dejó de ser una contingencia para convertirse en una crisis permanente. A casi cinco años de gestión acumulada de la alcaldesa Marisol Nájera, la falta de una estrategia real para garantizar el servicio mantiene a la población en el desamparo.

​Habitantes de colonias como El Minero denuncian sumar más de 15 días continuos sin gota de agua en sus tomas, mientras en comunidades el reclamo por pipas es desesperado. A esto se suma el colapso en la recolección de basura, evidenciando un deterioro generalizado en los servicios básicos.

​Si bien la escasez del recurso es un reto natural, la apatía institucional no lo es. Al estar cerca de cumplir cinco años al frente del municipio, la administración ha sido incapaz de crear una estrategia de distribución dejando a las familias en el abandono y en espera de las pipas, pero sin garantía de que estas abastezcan y sin dar prioridad a un derecho humano fundamental.